Yo creo que el error de A. es pensar que yo estaré ahí siempre que ella quiera.
No la culpo porque tenía razón, pero después de lo que me hizo a mi me vale madres.
Pero qué lindo ha de ser tener a una pendeja que sin importarle nada siempre esté a tus pies. No sabes cuánto me has lastimado. Yo que por ti habría dado todo y tú... nunca me cansaré de escribir cuánto te detesto porque podría pasar que lo olvidara. Es que aún te quiero, aun sonrío si te pienso, pero pronto te sacaré a patadas de mi corazón... tú, a patadas, no me dejaste entrar.
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