lunes, 25 de julio de 2011


Cuántas palabras atrapadas y como
no pude enjugar ni una sola, mejor
las escribo.
Escribo por ejemplo, que ya no
dueles tanto pero que extrañamente
te espero como siempre.
No necesitas enojarte si lo sabes.
No hagas nada, porque aunque no
podrías estar más lejos, a mi sí que
podría acercarme más a ti y eso no
lo necesito, sería como caer al mismo
hoyo y ya no quiero caer, ya no!
Cuando contemplo mi vida y
me percato de que sólo dos personas
han decidido permanecer en ella,
pues todos, hartos de que siempre te
menciono, se han ido, me replanteo
mi convicción de si será lo correcto
esperarte tan inamoviblemente.
Sin importarme nada ni nadie
sin importarme yo.
No quiero poner la respuesta porque
todos la saben, si respondo otra cosa
sabrían que estoy mintiendo.
Por eso mejor me callo.
Iré a comprar unas cosas que necesito,
pero no te apures, cuando regrese
continuaré con lo que hago desde
hace tres años sin descanso.
Aunque tú no lo sepas
ni yo me atreva a decírtelo...
... ¿para qué?

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