domingo, 25 de septiembre de 2011

Cincuenta años después recordaban que lo peor lo vivieron en en año 2010. A punto estuvieron de no volver a verse. Estaba escrito que debería terminar de esa manera y para siempre. Pasaron los días, las semanas, los meses. El orgullo permanecía en su lugar. ¿que si se extrañaron? claro que sí! como también es cierto que las dos pensaron que la distancia era lo mejor que podrían elegir. No querían más lágrimas ni cefaleas agudas. Cuánta tristeza cantaron y escribieron por separado. Trataron en vano de ya no nombrarse. El día era lento,se arrastraba. 
Siempre sus ojos por doquier. 
La que escribía llegó a sentir un enorme hoyo negro en su corazón y fue en ese instante que se dió cuenta de la importancia que tenían sus ojos en su vida, la quería tanto pero nunca supo cómo decirselo adecuadamente, mucho menos demostrarlo lo suficiente. 
La que dibuja y canta, sí la quería y sí lo demostraba y no entendía cómo no podía ser eso suficiente. Los ojos de la que canta son hermosos, inmensos. Cualquiera podría perderse en ellos y no regresar jamás. 
Así me pasó a mi. Por eso vivo escribiendo de ella, de sus ojos, de sus manos educadas que literalmente me encantaban. 
A veces un dolor en el pecho le impide respirar porque sabe de su ausencia y dura tanto ese instante que de pronto se hace eterna. 
La que escribe sabe con certeza que siempre está esperando que regresen los buenos y mejores tiempos. Quiere mirarla y jamás volver a preguntarse si la quiere o no, porque la respuesta siempre ha sido un SI. 
La que canta, a fin de cuentas, supo perdonarla. 
La que escribe por fin comprendió lo incorrecto de sus actitudes. 
Nunca hablan más de esa ocasión. 
A excepción de ahora porque la que escribe no quiso saber qué es lo que les depara el destino ahora que pasan de los cincuenta años, sino que quiso saber de dónde venían y qué camino habían recorrido.  Y para eso fue necesario escarbar en el pasado. 

No hay comentarios: