miércoles, 8 de diciembre de 2010

*SUEÑO No. 23*


Eran como las 6:30 de la tarde, yo estaba con unos hombres en la calle, eran familiares míos. De repente empezaban a hablar maravillas de alguien pero de pronto decían que qué lástima que se hubiera muerto tan joven y que era una gran mujer y muy guapa también. Yo quién sabe por qué me había asustado y pregunté por quién estaban tan tristes y respondían "¿no sabes? Elisa murió..." Yo dejaba caer lo que tenía en las manos, tenía tanto miedo de que eso fuera cierto, inmediatamente corrí hacia tu casa y antes de llegar quise comprar un cigarro en un puestecito de la calle pero lo tiré al instante de prenderlo porque ya había caducado, después de eso seguía corriendo esperanzada en que todo hubiera sido un sueño, pero al llegar a tu casa podía ver ya el moño negro colgado en el zaguán.
Me ponía inmensamente triste.
Al entrar a tu casa había como veinte personas, incluyendo a tu mamá. Cuando se me acercaba me dí cuenta de que era enorme, medía casi dos metros. Todos y cada uno de los presentes veían mal que yo llorara tanto por ti, creían que estaba siendo hipócrita, pero a mi no me importaba.
Me acercaba al ataúd, al principio tenía miedo de mirarte, pero descubría que estabas en un ataúd de cristal, vestida enteramente de blanco, en posición fetal y con una corona de florecitas blancas.
Yo no podía dejar de llorar.
Mientras te miraba, por mi cabeza pasaban imágenes de una luna inmensa, llena de luz, recordaba también que yo siempre había pensado en ti, todos y cada uno de los días de los dos años que habían pasado, no sabía qué haría ahora que no estuvieras en el mundo. De pronto, quién sabe en dónde aparecía, pero sé que ya había pasado algún tiempo. De repente tú aparecías junto a mi, viva!.
Te abrazaba y tú a mi. Yo trataba de llorar pero no podía, sabía que debía sentirme feliz pero no podía tampoco. Tú en cambio sí llorabas, me abrazabas muy lindo y decías que habías extrañado tener a alguien como yo... (silencio) compadre.
Yo pensé que dirías "amiga", pero en la historia, en mi historia es mejor ser compadre que amiga. Y yo, sólo entonces sentía alegría, pero sólo una poca. Después te ibas y yo me quedaba sola, pensando y sonriendo. Sé que pasaban mínimo dos horas y llegaba Adriana y me decía que ya no quería saber nada de mi. Yo sabía que no podía ser cierto, le explicaba que las dos estábamos muy contentas de reanudad nuestra amistad.
Adriana decía que la había cagado, porque Elisa al fin se enteró de que yo la pensaba al mirar la luna, que siempre había pensado en ella y que la quería más que nunca. Eso al parecer te molestó demasiado y decidiste alejarte otra vez de mi, aunque me doliera infinitos.
Yo regresaba a mi actual soledad, no triste, mucho menos contenta sino resignada. Desperté y para no variar te he pensado todo el día.

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