miércoles, 8 de diciembre de 2010
Es tristeza.
Sólo una tristeza infinita.
Pareciera que nunca acabará.
Los deseos de morir la persiguen a donde quiera que vaya.
Todo carece de sentido sin ella.
Podría jurarles que muchas veces quiso desaparecer de este mundo para que así se fuera el sufrimiento y nadie nunca pudiera recordar cuánto le afectó el haberla perdido, asi nadie se enteraría que la alejó rotundamente de su lado. Aún ahora es imposible poner en palabras todo el sufrimiento que sintió, pero todo pasa y de repente, de la nada, se descubre sonriendo otra vez, se descubre pensando en alguien más, una criatura maravillosa que le permite recordar que sí es posible olvidar, salir adelante, y entonces, vuelve a respirar tranquila, sin miedo, pero sabe a ciencia cierta que no importa cuánto llegue a querer a alguien más, sabe también que nunca nadie podrá hacerla sufrir tanto, (si se va) como sufrió con ella. No es posible. Ahora es resignadamente feliz. La extraña todavía, mucho. Y entregaría todo lo que tiene por un sólo instante de escucharla decir: NO ME GUSTÓ ESTAR SIN TI.
No es posible. Algún día lo logrará. Pero no asegura nada. Nada.
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