miércoles, 8 de diciembre de 2010
Antidepresivos.
Hoy fue el primer día que tomo antidepresivos.
Yo sinceramente no quería porque me la he pasado diciendo que no quiero estar triste toda la vida, pero me doy cuenta de que no pude hacerlo sola y que estaba o estoy desperdiciandola. El mamón ya está por terminar su carrera y tiene dos trabajos, ¿y yo?
No sé qué pasará, tengo 23 años. Quiero estudiar, superarme, pero no tengo fuerza suficiente para levantarme de la cama.
Extraño a Elisa y lo único en lo que puedo pensar es en ella y en cómo recuperarla. Ya no le veo el motivo. ¿M.? M. no es Elisa pero como si lo fuera pues le grité y desquité mi enojo y frustración con ella. Dice que me la mamé pero que no se me ocurra volver a hacerlo. Me dijo: Sí, ya sabes, aquí está tu pendeja que te perdona todo.
Yo no quiero eso, lo que yo quiero son amistades sinceras, quiero saber ser amiga y no lo he logrado. Me estoy hartando. Quiero retroceder el tiempo diez años. Estoy triste. No quiero ser asi, no quiero. Ya me harté de ser la huevona, la que nada puede hacer bien, la que el querer no le alcanza. Quisiera morir antes de seguir así un día más, pero no puedo hacer ni siquiera eso. M., Elisa, Samantha... Ojos... mi Ojos preciosos... yo las quiero mucho. Ojalá pronto tenga ganas de pararme e ir corriendo a buscarlas. Soy tan egoísta, pero carajo!, Elisa es más fuerte. Quisiera que me perdonará y que me dijera que todo va a estar bien, por favor Dios, dile que la extraño y que en verdad la estoy necesitando más que nunca. Ya ni sé por qué llorar. Ya entendí que llorar no cambia las cosas, quizá las empeore pero ese no es el cambio que yo busco. Quiero recibir y dejar de esperar que me quieran tanto como yo. Cuesta aceptar que yo nací sólo para querer y no para ser querida. Perdóname Elisa, no pude olvidarte. Te necesito. Elisa, por favor, vuelve. Dame otra oportunidad.
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