sábado, 5 de noviembre de 2011
No sabía por qué seguir pensando en ella. No hacía otra cosa desde que se marchó de su vida. La extrañaba, eso era seguro, la extrañaba más en los días lluviosos, pero no porque todos piensen erróneamente que esos días son los más tristes, sino porque un día lluvioso el mejor día que pasó con ella. Y ahora que no está, que no hay nadie, cree verla caminando y riendo empapada jugando con ella. Qué lindos días! Ya no volverán, se volverá loca, la extrañará de más y sus brazos se romperán de tanto estar alzados por esperarla y ver que no regresa. Ahora mis brazos adormecidos, pero no rotos, me agradecen el haber aguantado tan sólo tres años, para mi fue poco tiempo pero para ellos fue más que suficiente, ya no te extrañan mujer, ya no esperan un regreso más, han decidido odiarte pues te valió madres su dolor. Yo no los puedo culpar, son libres, y como tú, pueden hacer lo que ellos quieran.
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